AMLO y la sombra del bajo clero

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En el título “Tras los pasos de López”, Rodrigo Negrete, un economista que piensa por fuera de la economía, ha publicado una audaz hipótesis sobre el linaje histórico del discurso de López Obrador .

Negrete toca una fibra cercana a mi creencia de que los hechos políticos, pese a la rapidez con que se suceden ante nuestros ojos, portan en su fugacidad una sombra de larga duración, una matriz de ideas y costumbres que cambian lentamente y vuelven cada vez, bajo nuevos ropajes, a librar las batallas de la hora, del presente. Mi idea es que López Obrador actúa a su manera el papel del hombre providencial que nuestra historia entregó a caudillos decimonónicos, como Santa Anna, y a presidentes todopoderosos, como Porfirio Díaz, y como los presidentes del PRI.

Negrete ha observado en el discurso de López Obrador la pervivencia de una antigua dicotomía de la oratoria y de las maneras políticas de México: las que opusieron en nuestra historia los estilos del alto y el bajo clero.

Muy temprano y muy profundamente se instalaron en la vida religiosa y política de la Nueva España los dos estilos: el del alto clero de las jerarquías y los palacios, y el del bajo clero de las comunidades y los atrios parroquiales.

“El alto clero es distante y privilegia la disciplina”, dice Negrete. “Está hecho para dialogar con las élites y administrar una pesada estructura institucional. Quién eres y de dónde vienes abre o cierra puertas. Habilidades como la diplomacia, la capacidad de negociación y la persuasión en corto se aprecian particularmente. La plaza pública le importa solo para el despliegue ritual”.

Por el contrario, el bajo clero “está en contacto con el pueblo menesteroso, lo conoce, sabe hablarle y es un pez en el agua en la plaza pública. En sus dominios se incuban dos pasiones poderosas y complementarias; la compasión y el resentimiento.”. Vivimos, dice Negrete, en la “era zodiacal” del discurso del bajo clero.

He escrito y dicho varias veces que López Obrador es un político de intemperie en un mundo de políticos de gabinete. En el código de Rodrigo Negrete, López Obrador responde a las formas y el estilo del bajo clero novohispano, mientras que los políticos de la democracia y los de antes, los de la era del PRI, reflejan las maneras cupulares del alto clero.

“La política del alto clero consiguió mantener en el huacal a la política del bajo clero en ausencia de alternancia democrática, pero una vez en ese contexto habría de emerger impetuosa, tarde que temprano, tal y como terminó ocurriendo. Estamos ahora bajo el signo zodiacal de su era”.

“El del bajo clero es un mundo en el que domina lo vivencial, lo aprendido en interacciones cara a cara, todo lo cual propicia la ilusión de que con eso es suficiente para entender el mundo; por ello mismo carece del rigor que requiere remontarse a planos más abstractos. Desde la política del corazón es muy difícil generar pensamiento estratégico”.

hector.aguilarcamin@milenio.com